La crisis en Chipre muestra que las cosas están cambiando. La movilización de los chipriotas obligó a las autoridades y a la troika (integrada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) a centrar el ajuste en los depósitos de los que más tienen (por encima de 100.000 euros, unos US$130.000).
Por primera vez en la breve historia de los rescates de la troika son los más ricos los que cargan con el peso de la debacle.
En declaraciones al diario británico Financial Times, Jeroen Dijseebloem, presidente del eurogrupo (ministros de finanzas de la eurozona), reconoció el cambio de dirección.
"No está bien que el riesgo que tomó el sector financiero lo termine pagando el sector público. Si los inversionistas hacen apuestas riesgosas, tienen que estar dispuestos a asumir la posibilidad de pérdidas", señaló Dijseebloem.
No es el único signo de un cambio de dirección:
A fines de febrero la Unión Europea (UE) puso un techo a las bonificaciones de los banqueros.
A principios de marzo, un referendo en Suiza aprobó fuertes restricciones a los salarios de los ejecutivos.
En enero de 2014 entrará en vigencia la Tasa Tobin para las transacciones financieras en 11 países de la UE.
Según una investigación de la auditora internacional PricewaterhouseCoopers para el Financial Times, el diferencial en la remuneración de los operadores de bancos de inversión en Europa respecto a otras profesiones como doctores o ingenieros se ha achicado del 9,5 en 2006 al 5,8 el año pasado.
"La caída en la remuneración de los banqueros ha sido mucho más veloz de lo que piensa mucha gente", señala Tom Gosling de PwC.
Nada encarnó mejor la imagen del capitalismo triunfante de la Guerra Fría que los salarios y bonos de fábula que recibían banqueros y ejecutivos.
Todo cambió con la caída en 2008 de la compañía de servicios financieros Lehman Brothers y la brutal recesión global que le siguió.
Desde entonces se ha extendido el clamor político contra el modelo económico-social consolidado tras la caída del muro de Berlín.
En las calles el clamor ha tenido altibajos (fuertes protestas en 2008-2009, relativa calma en 2010, reflujo creciente en los últimos dos años), pero está claro que la opinión pública ya no celebra el carnaval exhibicionista de las grandes fortunas.
La clase política tuvo que hacerse eco de este nuevo clima social.
Lentamente, en cuentagotas, con resistencias, han aparecido medidas que apuntan en una dirección: reformar el llamado "capitalismo salvaje".
En muchos casos ha habido más retórica que acción.
En 2009, el G20 declaró el fin de un elemento clave de aquel mundo –los paraísos fiscales– que hoy siguen nadando en la abundancia, aunque de vez en cuando sufran algún accidente, como en el caso de Chipre.
En otros casos la dirección del camino es más contundente. La Tasa Tobin –infinitamente debatida en la década previa a la caída del Lehman Brothers– será finalmente aplicada en 11 países europeos con un impuesto de un 0,01% a cada transacción de derivados y de un 0,1% para el resto de los instrumentos financieros.
Los bonos de los banqueros de la Unión Europea no podrán superar su salario anual (si ganan un millón de euros, tendrán ese límite). Sólo los accionistas pueden cambiar esta situación, pero ellos mismos tienen un límite: a lo sumo pueden autorizar el doble de los salarios (dos millones en el ejemplo anterior).
El referendo suizo, convocado luego de que la farmacéutica Novartis planeara dar US$76 millones a su director saliente, aprobó que la remuneración de los ejecutivos quedaran en manos de los accionistas y prohibió los "saludos de oro": el pago especial por ingresar o marcharse de una compañía.

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